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domingo, 22 de mayo de 2011

Lobos Desérticos


Ahí estaban, se quejaban, gemían como lobos en el desierto masacrados por los vestigios de los militantes que se quedaron absortos en el tiempo donde la medusa cubrió la arena pálida y maltratada por los pies descalzos de aquellos hombres que jamás pisaron tierra firme, sino que se quedaron hundidos en pantanos de fluorescentes ilusiones, movedizas estrategias de supervivencia, cuando la existencia deja de generar presión en las alcobas de las noches negras y largas como infinitas en el mundo que se mece al propio compás de aquellas manecillas que se quebraron en la inmovilidad del tiempo vivido, del flujo repartido por los encantos de la dulce soledad que arrastraba hasta con la estrella más pura.
El silencio se perdió entre rostros que se desdibujaron con el viento del sur que sacudía los espacios vacíos donde no cabía más que la incomodidad de una falsa explicación de cómo es que sucedieron aquellas horas en vela, cuando alrededor de las dunas se morían lentamente las persianas como ojos que giraban sin parar en un cuadro finito e intransitable.

sábado, 2 de abril de 2011

Contornos

Una vez mezcladas las causas y los estilos, permanecen en la incertidumbre de un futuro que sin saber motivos más allá de los generados para devastar el propio acontecer, se quedan varados en la necesidad de cuestiones que al no tener respuesta, desaparecen dejando un profundo olor fétido en las aceras de las casas habitadas por falsos argumentos y necesidades de reconocimientos. Todo es confuso: Las paredes cortas y las tardes rojas, las pastillas derretidas en las escaleras en las que sólo puedes bajar, y aferrarte a subir como si no fueran artificiales, expulsándote fuerte y sin calma. El viento quieto invitándote a bailar con él, saliendo a correr para atrás, siempre para atrás, con las manos alzadas al cosmos y los pies enterrados en tierra gruesa y negra. Batallando con la luz y el canto de las gaviotas, observado despacio el contorno que se infiltra a través de espasmos dentro y fuera del cuerpo que una vez sin nombre ni número adquiere medida para todo y por lo mismo, sin caber en ningún lado. Esta sería entonces la composición perfecta de un día que sin llegar, está siempre presente y camina de la mano junto a la levedad de las cosas que jamás se resuelven y por tanto, se congelan en la incapacidad de abrir fortalezas dentro del océano.

domingo, 27 de febrero de 2011

El Grado Cero de la Voz.


Se enciende la máquina, se ajustan las marchas, se calientan los motores y comienzan a caminar por senderos separados que en el punto más oscuro de tan desierto paisaje retoman su encuentro, se cruzan sin dejar huella, sin embargo, se apoderan heridas profundas, nunca resueltas, se dan muerte, siendo fuertes y dolorosas, dejan firma que penetra las entrañas, y las palabras haciendo pirámides junto a las ideas truncadas por la asfixia que genera su propio pensamiento, todo aquello filtrado en el remolino de lo inesperado, de lo jamás buscado sin embargo puesto en pie bajo el signo de lo grotesco, queriendo hacer de un azulejo múltiples pedazos de piedad, sueltos en el asfalto caliente que soporta los pies de aquellos seres perdidos en la velocidad de las noches, aplastadas por los propios deseos inconclusos, pidiendo respuestas a cosas inexplicables con costales llenos de culpa que protestan el propio sentimiento y lo rechazan haciendo las mismas cosas pero siempre con un sentido distinto, jamás lo mismo, siempre más igual a menos. Disparando ansiedad, generando límites y rompiendo sus propios esquemas, alejándose del frío para internarse en la penumbra que asusta hasta a las criaturas más fuertes, dejándolas en el sitio menos anhelado: La soledad absoluta que viene y va como la sangre por las venas de un cadáver en el momento supremo de putrefacción. Y las miradas derrumbadas jamás comprendidas perdiéndose en el grado cero de la voz.

De la serie: Integral

sábado, 19 de febrero de 2011

Artificio



El estanque de las lamentaciones sugiriendo tristeza...
Engaño, originalmente cargada por Lucía geS.

martes, 25 de enero de 2011

Estructuras

Saltar las cuerdas hasta quedarse parado en la más floja de ellas. No caer hasta que las sustancias se encuentren vertidas dentro de sus párpados escurridizos.